viernes, 2 de septiembre de 2016

La princesa

White peony, Christiane Vleugels.

Está la princesa con la mejilla morada,
es virgen y piensa en su amor,
tiene rosas blancas, sobre el musgo embelesada,
y en su boca un beso en flor.

Tiene la frente casta el virginal pensamiento,
tiene la boca que es rosa,
tiene premura la pasión por sus sentimientos
que inmatura la sonrosa.

Tiene la princesa sobre el pecho rosas blancas,
mas vencida de blancura
por la primorosa nieve que virgen arranca
los blancos senos su albura.

Cae la tarde y la princesa parece dorada,
y las rosas son de oro,
aprieta sobre su pecho, casta enamorada,
su amor como un gran tesoro.

Primavera

Pramavera al meu jardi, Montse Parés Farré.

Gentil aurora de la azul mañana
que en ambarinas rosas su oro deja
dando a la corola de porcelana
luz policroma de la primavera.

Está la alondra sobre flor ufana
dando a la pradera su melodía,
ya las yemas estallaron lozanas
en sonriente flora colorida.

Las nínfeas del estanque de flor leve
tiene blancura andina su belleza,
bajo la penumbra tiene de nieve
los tersos pétalos en sutileza.

¡Ah, qué dulce la espesura del jardín!
donde el ensueño divino del rosal
clarea de color: áureo, blanco, carmín,
con inefable aroma primaveral.

Tarde nupcial

Spring, 1873. Pierre Auguste Cot.

Era el rumor suave de la fuente
que el céfiro traía con flores,
cuyas corolas daban sonriente
a la tarde sus ebrios colores.

Los lotos ya daban sus olores
desde el pabellón que la encubría,
los altos chopos con sus frescores
de su espesa fronda vespertina.

Era la tarde de los amantes,
donde el beso sellaba tremente,
de pálida boca delirante
en la sien de la virgen durmiente.

Adormida por el tierno pecho,
después que juntáronse las manos,
reposaron los brazos de ensueño
en vago sopor enamorado.

Era la hora nupcial de la tarde
do la flor de la pasión temblaba,
pues tenían una sola carne
y en una sola carne se amaban.

Más umbroso traía el estío
su aura tibia de los palmares
donde los besos del desvarío
reposaban sobre los semblantes.

Ella, que mirándole muy quedo
dábale su alma con los ojos,
él posó tierno juntos los dedos
sobre la flor de sus labios rojos.

Y la boca suave y primorosa
que por ser su vez primera… tembló,
y como alba al titilar la rosa
él dulcemente, un beso le dio.