domingo, 21 de mayo de 2017

Exposición: I. Avaricia

Woman of the tiger, Raphaël Dabadie.

Está desnuda, ebria y airosa,
cual ávido Creso no la ostenta
riqueza endeble sino fortuna
de una insaciable pasión ardorosa.
Se hastía ambiciosa como ninguna,
se alhaja en rubíes y esmeraldas.
Está ella entre tigras hambrientas
está muy grácil y perezosa
con sus fieros tigres de bengala,
está la reina, la poderosa
que en loor a su belleza
se opaca el vino a rosa,
y rosas marchitan ante su alteza.

Y está su carne, en su pureza
en una ardiente blancura perenne,
y con su cabellera melosa,
y su boca en el fuego del pecado,
que erotiza, arrastra, rabiosa
la ansia que faculta todo mortal;
es ella, hambruna de las tigras,
es la gloriosa, la sádica ¡es Diosa!
en su ímpetu autoritaria
es la que impera, tirana y poderosa
emperadora soberbia e inmortal.

sábado, 20 de mayo de 2017

Las Gracias

Las tres Gracias (1817), Antonio Canova. Mármol - Museo Hermitage H. 173 cm.


(Las Cárites)

Ágiles doncellas, de la gracia y la ternura
que danzáis tiernas al compás sonoro,
tenéis blancas las piernas, las manos y cinturas,
que movéis grata al son de la lira de Apolo.
Todas desnudas, de casta belleza
sois vosotras, deidad, tríadas de la hermosura
diosas de la alegría, del encanto y del placer,
tanta beldad embriagada en pureza,
sólo Afrodita diviniza con su desnudez.

Dulce melodía que la sabia mano arranca
de la lira de oro, que apasiona a las gracias;
es el Olimpo febril de alegría,
está el monte sagrado con su fiesta arcaica
con coro de las Musas de sensual melodía.
Eros embelesa entre las gracias,
delira de encanto al acercarse a Talía.

Talía llena de flores, Diosa del encanto,
que en su virgen escultura se empapa de lirios,
Eros sonrosa en pasional quebranto
y de amor embriagado acércase muy temido;
Talía que la mira en su incesante suspiro
dióle una flor del seno perfumado.
Las gracias siguen danzando y Eros de delirio
por su encanto, fue hacia otra gracia embelesado.

Eufrósine, la alegre Diosa del grato placer,
de casto cuerpo, sólo sonreía y brincaba,
grata Diosa, de marmórea venustez,
el ígneo busto albino de corolas perladas,
rosa la mejilla, los labios grana;
Eros en su deleite, miraba con placidez
tan roja la boca como jugosa granada
que placentero fue a otra gracia a dar su embriaguez.

Aglae, la más joven y la más grata,
de bambú las piernas, los senos de nieve y rosa,
impoluta doncella, la más bella y graciosa
en su danza de amor que a Eros mata.
¡Ay! virginal gracia, bajo la luna de plata,
la más ingenua y la más hermosa,
enamoró a Eros, su níveo cuerpo de nata,
su gentil terneza y su dulce danza amorosa.
Acercóse a Eros que en su pureza innata
embelesado por su belleza luminosa
ruborizóse en su casta adoración.
Y en su beldad sensual, de amor intacta,
fulgía de su ternura un resplandor
que Eros ferviente por su boca primorosa
codiciaba gustar su luz con pasión.
Y Aglae tierna, besóle con su boca de rosa.

martes, 16 de mayo de 2017

El cisne

Cisne, Estudios Delier.

Olorosa de follajes, vaporosa de fontana,
opalina de aurora, su cadencia andina y organdí,
enhiesta y esplendorosa su encaje a la alborada
reina con su belleza de nieve, espumosa y febril.

Está el cisne perlando al verdoso estío del oriente
con sus tupidas barbas blancas de nevada moldura,
que dibuja sobre el lienzo de azur, la albura candente
que sedujo a Leda: la nívea pureza de las plumas.

Están las oropéndolas en cumbre sobre la acacia
entre frescura bermeja del palacio de las dalias,
en solemne bautismo del blancor que sedoso sacia
sobre la umbrosa alcázar de blanda flora de acalias.

Y el esbelto cuello, que olímpicamente enarcado
corona la testa con los ojos de ágata cubierto,
que emerge súbito de la espuma, al grácil intento
de ornar al pico de ámbar el nelumbo gentil aovado.

Es tal la garba armonía que amena mueve la cauda
bajo el sauce al trasluz del agua, que goza en su cielo,
al tender raso las alas de rosa, en manso vuelo
sobre la azulada gasa de záfir túrbida de aura.

A Hernandarias

Horse, Pat Erickson.

Era un corcel de oro,
fugaz, fulminante,
corría sonoro,
corría galante.

Una reina al lomo,
la montaba grata,
ebria de campo y flores
la melena de lirios,
sus ojos de fuego,
la boca escarlata;
y la embellecía
un ígneo desnudo,
cuerpo de ondina
toda de plata.

Y el corcel viajaba
como un ensueño
por la selva virgen
de Hernandarias.

Fugaz como llamarada
galopaba por el campo,
dejando a su galope
perfumadas brasas;
ella, reina al tope,
en su beso un canto,
ya ebria de glorias
bajo el estío cantaba.

Y así la reina, alborada,
con su canto eterno,
todas las mañanas
bajo su beldad de natura
afloraba rosas
amarillas, rojas y blancas.

El corcel de oro,
viajaba por la flora y fauna
como una ilusión,
y la reina toda de plata,
dejaba un tesoro,
por donde pasaba:
su purísimo desnudo
que se parecía al agua.

Y desde entonces,
ella “la reina”,
siempre que pasa,
la oigo en coro,
en lengua de miel,
que endulza mi alma,
y siempre su desnudo
de rosas de plata,
sobre su corcel de oro,
arrasa mis sueños,
con sus ojos en llamas.

Y el corcel viajaba
como un ensueño
por la selva virgen
de Hernandarias.

La niña de los ojos verdes

Samara, Natalie Shau.

En triste verde está el lago
con vagos cisnes de aguaverde,
y de entre los cisnes vagando
está la niña de ojos verdes.

Y se está la niña bañando
en el ondoso lago verde,
con los blancos senos temblando
al frío del agua que emerge.

Verdes cisnes, nívea la niña,
con bucles en oro rociado,
bajo la frente alabastrina
están las pupilas verdeando.

Qué triste crepúsculo vago
que al lago su amatista hiere,
mas los ojos de verde cuarzo
al grana angustia del sol vence.

La niña que gentil bañando
entre cisnes verdes se pierde,
¡qué verde! y sigue jugando
con los lirios y rosas verdes.

Y son sus ojos la esmeralda
del diáfano verdor agreste,
en donde sus flores florecen
en verde color de esperanza.

Ya los verdes cisnes se duermen,
mientras la mira en su vagancia
con verdes ojos de bonanza,
la niña de los ojos verdes.

lunes, 15 de mayo de 2017

A una niña

Harvester (1875),William Adolphe Bouguereau.

Lirios, rosas,
doradas por el sol,
entre ellas, hermosa
es blanca y rosa,
su belleza en flor,
¡Qué virgen arrebol!
dulce y vaporosa,
es un amor…

De vainilla
su nívea terneza,
parece princesa
bajo las viñas,
que dulce besa
de boca amatista
la vaga sonrisa,
al sol de la siesta.
Una niña...

domingo, 14 de mayo de 2017

A Valeria

Ophelia (1863), Arthur Hughes.

Érase una vez un príncipe
que se hallaba solo,
pues era su amor partícipe
en versos y coros

por el amor de una princesa
que en dolce stil nuovo,
cantábale a su belleza
con la lira de Apolo.

Era la musa de sus cantos,
era la rosa de su amor,
mas la princesa de quebranto
y de celo, a otro amó.

Era su amor aún ingenuo
cuando de ella, él se enamoró,
que, olvidóse de su cielo
ajándole el matiz de su flor.

Hoy ella, ya a otro desposó.
Él sigue solo
en triste coro,
con su eterna lira del dolor.