domingo, 14 de mayo de 2017

A Valeria

Ophelia (1863), Arthur Hughes.

Érase una vez un príncipe
que se hallaba solo,
pues era su amor partícipe
en versos y coros

por el amor de una princesa
que en dolce stil nuovo,
cantábale a su belleza
con la lira de Apolo.

Era la musa de sus cantos,
era la rosa de su amor,
mas la princesa de quebranto
y de celo, a otro amó.

Era su amor aún ingenuo
cuando de ella, él se enamoró,
que, olvidóse de su cielo
ajándole el matiz de su flor.

Hoy ella, ya a otro desposó.
Él sigue solo
en triste coro,
con su eterna lira del dolor.

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