Cisne, Estudios Delier.
Olorosa de follajes, vaporosa
de fontana,
opalina de aurora, su cadencia
andina y organdí,
enhiesta y esplendorosa su
encaje a la alborada
reina con su belleza de nieve,
espumosa y febril.
Está el cisne perlando al
verdoso estío del oriente
con sus tupidas barbas blancas
de nevada moldura,
que dibuja sobre el lienzo de
azur, la albura candente
que sedujo a Leda: la nívea
pureza de las plumas.
Están las oropéndolas en cumbre
sobre la acacia
entre frescura bermeja del
palacio de las dalias,
en solemne bautismo del blancor
que sedoso sacia
sobre la umbrosa alcázar de
blanda flora de acalias.
Y el esbelto cuello, que
olímpicamente enarcado
corona la testa con los ojos de
ágata cubierto,
que emerge súbito de la espuma,
al grácil intento
de ornar al pico de ámbar el
nelumbo gentil aovado.
Es tal la garba armonía que
amena mueve la cauda
bajo el sauce al trasluz del
agua, que goza en su cielo,
al tender raso las alas de
rosa, en manso vuelo
sobre la azulada gasa de záfir túrbida de aura.

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