martes, 16 de mayo de 2017

El cisne

Cisne, Estudios Delier.

Olorosa de follajes, vaporosa de fontana,
opalina de aurora, su cadencia andina y organdí,
enhiesta y esplendorosa su encaje a la alborada
reina con su belleza de nieve, espumosa y febril.

Está el cisne perlando al verdoso estío del oriente
con sus tupidas barbas blancas de nevada moldura,
que dibuja sobre el lienzo de azur, la albura candente
que sedujo a Leda: la nívea pureza de las plumas.

Están las oropéndolas en cumbre sobre la acacia
entre frescura bermeja del palacio de las dalias,
en solemne bautismo del blancor que sedoso sacia
sobre la umbrosa alcázar de blanda flora de acalias.

Y el esbelto cuello, que olímpicamente enarcado
corona la testa con los ojos de ágata cubierto,
que emerge súbito de la espuma, al grácil intento
de ornar al pico de ámbar el nelumbo gentil aovado.

Es tal la garba armonía que amena mueve la cauda
bajo el sauce al trasluz del agua, que goza en su cielo,
al tender raso las alas de rosa, en manso vuelo
sobre la azulada gasa de záfir túrbida de aura.

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