Horse, Pat Erickson.
Era un corcel de oro,
fugaz, fulminante,
corría sonoro,
corría galante.
Una reina al lomo,
la montaba grata,
ebria de campo y flores
la melena de lirios,
sus ojos de fuego,
la boca escarlata;
y la embellecía
un ígneo desnudo,
cuerpo de ondina
toda de plata.
Y el corcel viajaba
como un ensueño
por la selva virgen
de Hernandarias.
Fugaz como llamarada
galopaba por el campo,
dejando a su galope
perfumadas brasas;
ella, reina al tope,
en su beso un canto,
ya ebria de glorias
bajo el estío cantaba.
Y así la reina, alborada,
con su canto eterno,
todas las mañanas
bajo su beldad de natura
afloraba rosas
amarillas, rojas y blancas.
El corcel de oro,
viajaba por la flora y fauna
como una ilusión,
y la reina toda de plata,
dejaba un tesoro,
por donde pasaba:
su purísimo desnudo
que se parecía al agua.
Y desde entonces,
ella “la reina”,
siempre que pasa,
la oigo en coro,
en lengua de miel,
que endulza mi alma,
y siempre su desnudo
de rosas de plata,
sobre su corcel de oro,
arrasa mis sueños,
con sus ojos en llamas.
Y el corcel viajaba
como un ensueño
por la selva virgen
de Hernandarias.

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